domingo, 11 de marzo de 2012

Perdoname por no ser como tu querias...



Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora que estoy vivo, y no una noche entera cuando yo muera.
Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no apoyes tu cuerpo sobre mi ataúd cuando yo muera.
Prefiero que me digas "te quiero" ahora que estoy viva, y no un desgarrador poema cuando yo muera.
Prefiero que hagas una sola llamada ahora que estoy vivo, y no que emprendas un inesperado viaje cuando yo muera.
Prefiero que me regales un solo abrazo ahora que estoy vivo, y no que me envíes una lagrima cuando yo muera.
Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles ahora que estoy vivo, y no de grandes manifestaciones cuando yo muera...
Hay palabras que nunca salen de nuestros labios, porque creemos que no son necesarias. Sé que ya estoy grande pero soy muy sensible y necesito de tus consejos, de tus arrullos y de toda tu ternura.
Madre mía, quisiera de todo corazón poder retroceder el tiempo para poder ser niño de nuevo y escuchar que me querías. 
Madre mía, hoy la tristeza oprime mi alma, perdóname por no ser como tu querías.
¿De qué sirve cantar por las mañanas?, ¿Gritar hasta desgarrarme?, si solo el viento puede escucharme...
¿De qué sirve llorar?, si nadie puede consolar mi soledad...
¿De qué me sirve reír?, si no hay nadie a quien hacer sentir bien.
¿De qué me sirve dormir?, si ni siquiera descanso...
¿De qué me sirve tener?, si ni siquiera lo disfruto...
¿De qué me sirve caminar sin descanso? ... ¿Trabajar como humano, pensando solo en monedas, con el interior mas desgastado? ...
¿De qué me sirve escribir, inventar, soñar, sin pensar en eso que atormenta llamado realidad? ...
Y ¿de qué me sirve seguir atormentado?, si por más que la vida trato de entender, jamás podre lograrlo...
Odio que me digas siempre que hacer.
Odio que me creas perfecto, sabiendo que nadie lo es...
Odio que me regañes delante de los demás.
Pero lo que más odio es no poder odiarte, porque a pesar de todo TE QUIERO MADRE.
Y aunque jamás me has preguntado que quiero, hoy lo grito al mundo y que lo sepas tu, ¡Quiero ser tu felicidad y tu orgullo!, el mejor hijo del mundo.




miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los mecanismos de defensa

La primera linea de defensa, no solamente ante una perdida, sino ante cualquier problema que tiene la virtud de sacudir nuestra realidad, viene del propio cerebro. Es muy importante entender esta reacción por que tiene que ver con el proceso para superar la perdida, con la forma en que nos protegemos a nosotros mismos de una realidad dolorosa, con saber que muchos de nuestros pensamientos y acciones, en un momento critico, pueden no ser todo lo racionales y convenientes que deberían ser.

Y es que ante una perdida mayor, o un problema cuya dimensión nos rebasa, la mente parece tener voluntad propia  Ese campo  todavía enigmatico que es el subconsciente posee sus recursos para hacer que el consciente actué de determinada manera, incluso en forma que pareciera irracional. Así, cuando la realidad es difícil, o atemorizadora, o totalmente contraria a nuestros deseos, entra en acción uno o varios de los mecanismos de defensa, que actúan como un verdadero escudo ante eso que no podemos soportar.

¿Que es lo primero que se dice cuando recibes una mala noticia? "Esto no puede estar pasando", "no lo creo", "debe haber un error". ¿Que haces a veces cuando tienes que enfrentar a una situación que te provoca angustia? Te duermes, te desmayas, tu cerebro se queda en blanco. ¿Que pasa cuando necesitas aceptar o afrontar algo que te molesta o te duele, como la infidelidad de tu pareja, el desastre económico, la posible perdida de algo que amas? Le das la espalda y actúas como si el problema no existiera.

Desde luego hay grados. Mientras mas bajo sea tu umbral de resistencia a los problemas y a la frustración, mas alta sera tu tendencia a utilizar mecanismos de defensa. Pero, al separarte de la realidad, estos mecanismo pueden ponerte en peligro real, o bien impedir que afrontes la situación y la resuelvas, y son un obstáculo efectivo contra tu avance y superación. Son primitivos e instintivos, pero no son racionales, y en ocasiones pueden hacer mas daño que bien.

Estos procesos han sido bien identificados por los psicólogos. Aunque pueden actuar en forma combinada, los mas comunes son:

Negación

Es no querer creer cuando te encuentras de que algo malo sucedió. Es mas fácil negar que haya ocurrido algo que te afecte tanto, que aceptar que es así y que tienes que enfrentarlo. Y hay gente que después de la primera reacción, en vez de aceptarlo sigue negandolo aunque todas las evidencias le demuestren lo contrario.

Hay otra forma de negación ademas del "no puede ser". o "no es cierto", o "no lo creo", y es el "a mi no me pasa", que consiste en negar que algo horrible pueda pasarnos a nosotros. Las tragedias y los accidentes son algo lejano... hasta que nos descuidamos y suceden.

Evasión

Evasión significa escape. Cuando algo no te gusta, tu cerebro puede entrar en acción y hacer que simplemente te separes mentalmente del asunto.

El shock es un mecanismo de evasión extremos; entras en un estado de obnubilación total, y te aíslas de la realidad. Mucha gente a la que se le acaba de morir alguien muy querido, tiene la mirada perdida, y esta como ida. Ha entrado en shock, y de esa manera no tiene que afrontar lo que esta pasando, cuando menos por unos momentos.

Otro mecanismo extremo son los desmayos. Hay gente que pierde el conocimiento ante una situación tremenda. Y por supuesto, abusar del alcohol o de las drogas para escapar de la realidad es un mecanismo de evasión que puede resultar mortal o, cuando menos, situarte en medio del infierno. Y para escapar de ese infierno, sigues tomando o drogando, con lo cual caes en un circulo vicioso del cual es cada vez mas difícil salir.

Claro que hay mecanismo de evasión mas sencillos. Por ejemplo, la gente que esta muy deprimida tiende a dormir mucho tiempo, es decir, se evade para no pensar en sus problemas. Y otro: ponerte a hacer otra cosa cuando tienes que realizar algo que odias, postergando el momento de cumplir con tu enojoso deber.

Finalmente, esta la fuga: el salirte de un lugar o levantarte de una mesa donde se esta dando una situación que te afecta demasiado. Llevando mas allá, hay gente que cambia de país o de ciudad cuando la asaltan, o cuando tiene alguna mala experiencia, en una verdadera fuga geográfica.

Distorsión

Es disfrazar una realidad difícil. El complejo de grandeza que enmascara a un problema de inferioridad es una forma. Otra, cuando te enamoras de alguien que a todas luces no te conviene, y todo mundo puede verlo menos tu, que justificas sus errores y piensas que con el tiempo va a cambiar. Es negarle a los problemas la importancia que realmente tienen para demostrar a otros, pero en especial a ti mismo, o a ti misma, que no existe conflicto o que este no es tan grave como parece.

Agresión

Este es el mecanismo del que tiene miedo. Es la pareja que te grita cuando le dices que quieres terminar. Es el hombre que te tira un derechazo cuando se siente acorralado en una discusión. Es el jefe que te reprime o te despide por que tiene miedo de que tomes tus propias decisiones y le quites el puesto. Es toda aquella gente que se porta agresiva porque no sabe que hacer para resolver un conflicto que la rebasa.

No me importa

Este mecanismo de defensa es mas consciente. Es auto convencerte de que algo que te hace daño en realidad no te lastima, porque lo cierto es que no eres capaz de afrontar la situación y manejar tu propio dolor.

El problema de negar que algo te importa, cuando en realidad te importa te va frustrando e invadiendo otros aspectos de tu vida, hasta que tu autoestima se resiente, la amargura se vuelve un rasgo de tu carácter, y dejas de luchar por lo que quieres.

martes, 1 de noviembre de 2011

Cinco hechos acerca de la pérdida

  1. Es inviable.
  2. Es la experiencia emocional mas dolorosa que puede sufrir un ser humano.
  3. Tiene el poder para romper nuestra sensación de seguridad.
  4. Constituye, sin embargo, una enseñanza, una especie de prueba que nos hace mas fuertes.
  5. No importa cuan grave sea la perdida, siempre es posible recuperarse y salir adelante.


La pérdida no es otra cosa que un cambio,
y el cambio es el deleite de la naturaleza.
Marco  Aurelio

Sufrir por anticipado

El temor a la perdida es una forma innecesaria de angustiarse por adelantado. Lo que importa, al final de cuentas, es el aquí y el ahora: son los únicos momentos que realmente tenemos para vivir y disfrutar de quien esta con nosotros, de las cosas que tenemos. No podemos andar por la vida temiendo a la perdida.

Mirándolo desde otra perspectiva, el temor a la perdida puede ser algo constructivo. Así como el dolor físico nos avisa que hay algo mal en nuestro organismo, y que debemos repararlo, el miedo a perder algo que tenemos puede ser una llamada de atención para que hagamos lo razonablemente posible para conservarlo, siempre que sea posible.

De este modo, si hay peligro real de perdida, debemos luchar por que esto no suceda: si sabemos que estamos a punto de perder el empleo, tenemos dos alternativas: comenzar  a buscar otro mejor, o bien esforzarnos mas en el que ya tenemos para hacer méritos. Si nuestra relación esta al borde del desastre, siempre hay tiempo para pedir perdón, revisar nuestras actitudes y enderezar el rumbo. si algo amenaza con hacernos perder nuestra salud, debemos desarrollar hábitos saludables, alejar nuestra vida aquellos que nos hace daño. Transformar ese temor en acciones positivas puede evitar que suceda lo que tenemos.

A veces, la perdida puede ser inminente; en vez de paralizarnos de terror, debemos comenzar a aceptarla, prepararnos en la mejor forma posible, quizás hacer algunos planes para enfrentar el cambio y sobre lo que vamos a hacer cuando esa perdida realmente suceda.

La perdida debe evitarse, pero si esto no es posible, entonces tenemos que enfrentarla. De hecho, lo hacemos naturalmente. Nuestro cerebro, atento a nuestro bienestar, tiene sus propios recursos de auto protección.

El temor a la perdida

Le tememos desde que somos pequeños. El bebe llora cuando su madre se aleja, por que sabe por instinto que de ella depende su supervivencia. Si comparamos ese nuevo aparato de televisión o un auto flamante, nos da miedo que nos lo roben. Si obtenemos el empleo que tanto habíamos buscado, temblamos ante la sola idea de que nos despidan.

Este temor a perder es una gran fuente de estrés. Es lo que se llama "perdida anticipada", cuando nos invade el pánico o cuando menos la preocupación de que podamos perder algo que nos es muy preciado. Mal manejado, este temor puede convertirse en tacañeria y avaricia si tememos perder nuestras riquezas, en celos patológicos si no soportamos la idea de perder a cierta persona, de represión, posesividad o sobreproteccion si estamos temerosos de que nuestros hijos se vayan.

La perdida anticipada se da también cuando sabemos que esa perdida va a suceder inevitablemente, por ejemplo, cuando se inicia un proceso de divorcio, o cuando alguien amado es diagnosticado con una enfermedad terminal. En estos casos, comienza a llorar la perdida antes de que esta realmente suceda, y eso aumenta los niveles de dolor. En el caso de la persona enferma, nos roba ademas los preciosos momentos que pudiésemos tener con ella antes de que se vaya.

El temor a la perdida lleva consigo también otros temores:

El temor al fracaso

El sentimiento es bastante común sobre todo en casos de divorcio o de bancarrota, o cuando se pierde el empleo o la posición social. Sentimos que hemos sido derrotados, que no servimos. Esto pega directo en la autoestima y hace aun mas grande el miedo que tenemos a esa perdida en particular.

El temor al ridículo

Tenemos la necesidad básica de que nos respeten, de conservar nuestra dignidad. No es agradable que un cónyuge nos deje, o que perdamos un empleo por haber cometido un error tonto. Nos hace perder fachada ante los demás. Sentimos que quedamos en ridículo y eso, no lo podemos soportar.

El temor al rechazo

Todos queremos ser aceptados y queridos. La necesidad de reconocimiento es algo tan fuerte que hay gente que llega a suicidarse antes que enfrentar un escándalo o reconocer ante quienes le rodean que ha perdido todo lo que tiene en un negocio arriesgado. Perder un empleo, o a un cónyuge por un divorcio, o perder los amigos, es una señal de rechazo y si somos lo bastante inseguros de nosotros mismos, la sola idea de ser rechazados hace que la perdida anticipada sea mas dolorosa.

Es por cierto este temor al rechazo el que hace por ejemplo, que los adolescentes pierdan su salud cuando prueban una droga por que su grupo de amigos los presiona para que lo hagan; esta en la muchacha que da a un novio irresponsable la "prueba de amor" que la hace perder su virginidad, su orgullo y, en casi de embarazo no deseado, su salud e incluso hasta su vida, por el temor anticipado de que, si no lo hace, el la dejara, es decir, la rechazara.

La gente puede hacer las cosas mas increíbles motivada por este temor al rechazo y, mas veces que no, el  resultado de esto es una perdida de sus propios valores, de su identidad, de su autoestima.

El temor al abandono

Este temor forma parte de nuestro bagaje de supervivencia. Si somos abandonados en nuestra mas tierna edad, es seguro que moriremos. A medida que crecemos y comenzamos  a depender de nosotros mismos, ese antiguo temor a que nos dejen se arraiga en lo profundo de nuestro ser y, para mucha gente, es una causa primordial de preocupación en una relación.

Pero hay mas. La muerte es el abandono fina, definitivo, inalterable, irrecuperable, irremediable. Algunas investigaciones recientes señalan que las mayoría de las personas tienen miedo de morir, seguido solo del temor a que se mueran los padres o la pareja.

La propia muerte es el temor a lo desconocido. La de nuestros seres mas queridos, un temor no superado al abandono.

Estos auténticos dragones que se ocultan detrás del temor a la perdida anticipada suelen mezclarse: el rechazo puede implicar también abandono, ridículo y fracaso, y así hasta el infinito.

sábado, 15 de octubre de 2011

Eneagrama y los tipos de personalidad

¿Qué es el eneagrama?

El eneagrama es un prodigioso sistema que identifica nueve tipos distintos de personalidad, denominados eneatipos, mezclando elementos de la mística oriental con la psicología occidental. Los orígenes del eneagrama se remontan a Oriente Próximo. Fue transmitido oralmente por los maestros sufíes hasta  principios del siglo XX, momento en que se publicó el primer libro sobre el eneagrama.
Pese a que Dante y filósofos como Pitágoras y Aristóteles lo utilizaran en su obra y enseñanzas, su máximo representante fue George I. Gurdjieff, quien  introdujo el término por primera vez  y lo popularizó en Occidente.No obstante, fueron su discípulo, Piotr D. Ouspensky, y los psiquiatras Óscar Ichazo y Claudio Naranjo, quienes aportaron nuevos descubrimientos y se encargaron de explicarlo en detalle. 
Claudio Naranjo lo vinculó al estudio de la personalidad y lo integró en el conocimiento psicológico moderno. 
Actualmente, el eneagrama está considerado como el sistema de identificación de personalidad más completo, sofisticado, práctico y útil, jamás descrito.


Estructura y funcionamiento

La palabra eneagrama deriva del griego ennea gramma, que significa figura de nueve lados. De ahí que, tal y como ilustra la figura 1, el eneagrama esté representado por una estrella de nueve puntas inscrita en un círculo. 
El círculo representa el mundo y, las puntas, las diferentes maneras de percibirlo. Para identificar mejor cada variante, se le asignó una cifra y un nombre a cada una, constituyendo así los nueve tipos distintos de personalidad: 
1.     El perfeccionista 
2.     El altruista 
3.     El ejecutor 
4.     El romántico 
5.     El observador 
6.     El leal 
7.     El epicúreo 
8.     El jefe
9.     El mediador


Ningún eneatipo  es mejor o peor que otro; simplemente, cada uno es diferente. A cada eneatipo se le atribuyen unas virtudes y unos defectos básicos, que han llegado a compararse con los nueve pecados capitales de la Divina Comedia de Dante, gran conocedor del eneagrama.
Mientras que las virtudes simbolizan las fuerzas que impulsan hacia el crecimiento y el desarrollo personal, los defectos representan las fuerzas que impulsan hacia comportamientos conflictivos. Del equilibrio entre ambas surgen las diferencias individuales de cada eneatipo. Así pues, dentro del mismo eneatipo, podemos estar más o menos evolucionados, según  tengamos más desarrolladas unas características u otras de nuestra personalidad. Asimismo, las flechas y las alas, que conectan y delimitan a cada número, también influyen sobre el comportamiento de cada uno de ellos.

En la actualidad, se ha clasificado a los nueve tipos en tres grupos: el cordial,  el cerebral y el visceral. 
Al grupo de los cordiales, constituido por los eneatipos 2, 3 y 4, les caracteriza su afán por establecer relaciones cordiales y su necesidad de agradar a los demás. El dos asume el rol de ayudador  y actúa de modo afectuoso; el tres muestra su lado más positivo, en función de los convencionalismos sociales del momento; y el cuatro intenta expresarse a sí mismo presentándose como alguien original y diferente. 
Los eneatipos 5, 6 y 7 conforman el grupo cerebral del eneagrama. Su máxima es enfrentarse al miedo existencial. Así pues, el 5 se cobija en su conocimiento, el 6 se rebela contra la autoridad y el 7 elude el miedo y las emociones desagradables en general. 
Por último, el grupo visceral, compuesto por los eneatipos 8,  9 y  1, centra sus problemas en la impulsividad y la cólera. Mientras el ocho rehuye  manifestar su ira, el nueve desconoce su propia capacidad agresiva y el uno la reprime. 
Si bien es cierto que las mejores relaciones se dan entre los eneatipos de  un mismo grupo, la comunicación con los restantes es necesaria para el equilibrio personal de cada uno en particular. 


Principios fundamentales 

La pertenencia a un eneatipo determinado es innata, es decir, la elección no es voluntaria. Esto se debe a que, cada eneatipo, en función del ambiente familiar que haya tenido, adopta inconscientemente un mecanismo de defensa que desarrolla en su edad adulta. Dicho mecanismo cumple la función de encubrir los motivos ocultos por los que se comporta de un modo en concreto. Pese a que nos podamos ver influenciados por otros eneatipos o incluso apropiarnos de  algunas de sus características, mayoritariamente nos comportamos según el esquema del nuestro.


Los nueve tipos de eniatipos

Eneatipo 1: Perfeccionista
El eneatipo 1, integrado en el grupo visceral, suele calificar de muy dura su infancia. Esta afirmación es cierta en cuanto a que, durante su niñez, fue severamente criticado o castigado. Para escapar de los problemas, se obsesionó intentando ser bueno y correcto en todo momento. No es de extrañar, entonces, que el uno sea perfeccionista, meticuloso, auto disciplinado, cumplidor e hipercrítico con los demás, con el enorme sacrificio   el gran control interno que ello conlleva. 
Al perfeccionista le aterra tanto  cometer errores, que con frecuencia antepone el deber al placer. Para él, sólo hay una forma correcta de hacer las cosas: la imperfección le irrita.  Además, tiende a la corrección en las formas, al control de sus reacciones, a la rigidez y a la falta de espontaneidad. Cree estar dotado de un alto sentido ético y moral y es respetuoso hacia las reglas y normas sociales. Su elevado nivel de exigencia le lleva a una fuerte ira interna, que reprime y sólo manifiesta de forma racionalizada, corrigiéndose y corrigiendo a los demás, defendiendo con ahínco lo que cree justo.
En contraposición a esta rigidez tan característica de su eneatipo, el uno se distingue positivamente del resto, por su capacidad de concentración en el trabajo bien hecho.



Eneatipo 2: El atruista
Este eneatipo, incluido en el grupo de los cordiales, también es conocido como el ayudador del eneagrama. De muy niño aprendió que, para ser querido y aceptado, debía ser siempre agradable y afectuoso. Asimismo,
se acostumbró a actuar satisfaciendo las necesidades ajenas. En consecuencia, ya de adulto, siguió basando su comportamiento en la búsqueda de aprobación. De hecho, el núcleo más importante de su vida son las relaciones. Tiene la imperante necesidad de sentirse amado, protegido e importante en la vida de los demás, para satisfacer su necesidad encubierta de amor. 
Al dos le gusta ayudar a los demás y sentirse imprescindible, pues necesita sentirse necesitado, tendiendo incluso a descuidar sus propias necesidades, para complacer a los otros, con la secreta esperanza de que, de esta manera, será correspondido sin tener que pedir. Su mensaje oculto es: "te doy para que me quieras".  No obstante, cuando el balance entre lo que da y lo que recibe no está equilibrado, el altruista se siente explotado y decepcionado. Es en estos momentos cuando exterioriza su mayor defecto, el orgullo. Sin embargo, también se sirve de la manipulación para obtener los resultados deseados. Otro rasgo destacado de su personalidad es su imagen amable y seductora.



Eneatipo 3: El ejecutor
El eneatipo tres, perteneciente al grupo cordial, vivió una infancia basada en las recompensas que recibía por cada uno de sus logros. Tanto su imagen como su actuación primaban sobre los aspectos emocionales. A raíz de esto, aprendió a reprimir sus propias emociones y a centrar su atención en adquirir estatus que le garantizara el amor. 
En la edad adulta elude el fracaso porque está convencido de que sólo los ganadores son dignos de amor. De hecho, suele aparcar sus sentimientos, especialmente los que podrían hacerle parecer débil o descubrir su vulnerabilidad, para centrarse en conseguir objetivos profesionales, triunfar y adquirir estatus social. 
El ejecutor es básicamente luchador, competitivo, dinámico, pragmático y socialmente brillante. La imagen que da es muy importante para él y sabe ajustarla a las expectativas del otro. Camaleónico y buen vendedor de sí mismo, a menudo confunde la imagen que da, con su propio ser. Se podría decir que, por su forma de ser en conjunto, representa aquello que más valora la cultura norteamericana. 
En general, le conviene trabajar la sinceridad, la honestidad y la   propia transparencia, prestando más atención a sus sentimientos y necesidades.  También debería dedicar más tiempo al ocio y al descanso.


Eneatipo 4: El romántico  
Este eneatipo, englobado dentro del grupo de los cordiales, experimentó el abandono, en forma de divorcio o separación de los padres, en su más tierna infancia. De modo inconsciente, sufre por la carencia que conllevó esa vivencia y, asimismo, envidia lo que tienen los demás, percibiéndolo como algo que a él le ha sido negado. 
Por eso, en la edad adulta, busca la intensidad emocional y el dramatismo, para sentirse vivo. El romántico está secretamente convencido de que la gente le abandona porque posee una tara personal que provoca rechazo. Tanto es así, que reproduce constantemente su traumática experiencia abandonando a sus parejas o siendo abandonado por ellas. Por otra parte, al verse muy diferente a los demás, potencia este rasgo de distinción sintiéndose especial. Así pues, no es de extrañar que se le califique de bohemio, raro, original, distinto, e incluso excéntrico. El cuatro necesita calor afectivo, compartir su estado de ánimo, sentirse escuchado y querido, vivir momentos únicos, intensos y excepcionales. Fundamentalmente es romántico, sensible, creativo, preocupado por la belleza y la estética, con tendencias artísticas. Rechaza la rutina y la vulgaridad. 
Su máximo defecto es la envidia, pero también le definen rasgos negativos, tales como su propensión a los altibajos emocionales y a la depresión, su visión fatalista de la vida y su tendencia a vivir en el pasado o en el futuro, pero difícilmente en el presente. 



Eneatipo 5: El observador
Este eneatipo, integrante del grupo cerebral, se sintió muy invadido en su infancia: careció de intimidad y su privacidad fue violada. Este es, a menudo, el caso de los hijos de familia muy numerosa. A consecuencia de esto, el cinco elaboró una estrategia consistente en retirarse y aislarse para proteger su espacio privado. Para él, el mundo exterior es amenazante y peligroso. 
Así pues, el cinco es muy celoso de su intimidad y le gusta observar más que participar. Como le cuesta expresar sus emociones, suele mantener una actitud fría y distante, protegiéndose excesivamente del contacto con los demás. Estar demasiado tiempo con los demás le fatiga porque sus demandas afectivas le hacen sentir inseguro. Y, ciertamente, le resulta más fácil sentir y ordenar sus emociones cuando está solo. 
Lo que más le apasiona es analizar, comprender y acumular conocimientos. Tiende a ser independiente y autosuficiente. En general, le convendría aprender a tolerar sus sentimientos, sin desconectarse, y a no esconderse cuando los demás buscan una respuesta de ellos. También les beneficiaría compartir sus conocimientos y sus emociones, para salir de su aislamiento.



Eneatipo 6: El leal
El eneatipo seis, también integrante del grupo cordial, creció en un ambiente familiar hostil, generalmente marcado por unos padres dominantes y autoritarios que, además de castigarlo y humillarlo, no le inspiraban ninguna confianza. Estos castigos respondían a la inestabilidad paternal, más que a un mal comportamiento del seis. En consecuencia, éste perdió la fe en la autoridad y empezó a sospechar de las intenciones de los demás.  
No obstante, pese a que, de adulto, le cuesta confiar en los demás, cuando lo hace, denota un elevado sentido de la lealtad. En su edad adulta, el leal opta, o bien por encontrar una figura protectora sólida, o bien por desafiar a la autoridad.  
Este eneatipo exagera los peligros y evita los riesgos, mostrándose excesivamente prudente y temeroso. Sin embargo, aunque esté siempre alerta, detesta sentirse observado. Antes de actuar, da muchas vueltas a la situación y  tiene muchas dudas. Aparte, posee un estricto sentido del deber y suele aferrarse a las normas y a las cosas previsibles, para obtener seguridad. Le agrada defender a los débiles, aunque vea la batalla perdida de antemano.  
En general, le conviene aprender a correr riesgos, a actuar y a seguir adelante ,aún sintiendo miedo, y a tomar decisiones para ganar confianza en sí mismo. No debería eludir responsabilidades escudándose en la autoridad.



Eneatipo 7: El epicúreo
El eneatipo siete es el tercer y último miembro del grupo cerebral. Recuerda su infancia con cariño, ya que todos los recuerdos que tiene de ella son agradables. De todos los eneatipos, el siete, se caracteriza por haber tenido la infancia más idílica. 
Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar que el siete sea optimista por naturaleza, pues para él la vida es una fiesta continua. El epicúreo, como su nombre indica, busca constantemente el placer, la aventura y el hedonismo. Por otra parte, posee una mente ágil, así como una imaginación privilegiada, y es un conversador brillante y persuasivo. 
Como contrapartida, le cuesta afrontar las realidades dolorosas de la vida. Intenta evadirse del aburrimiento y del dolor manteniendo altos niveles de excitación, realizando muchas actividades y dejando múltiples opciones abiertas. Adora la novedad, tener muchos proyectos y estar continuamente en movimiento, pero le cuesta terminar lo que ha empezado. Indisciplinado y auto indulgente, no soporta los límites, ni sentirse atado por compromisos.
Le conviene aprender a llevar adelante los compromisos adquiridos,  en lugar de buscar continuamente la novedad y el cambio; a saber establecer prioridades sin dejarse llevar por los impulsos del momento; a afrontar el dolor cuando es necesario, resistiendo su tendencia a evadirse en la búsqueda compulsiva de placer o a exagerar el lado positivo de las cosas,  y  a profundizar más dando preferencia a la calidad ,antes que a la cantidad.



Eneatipo 8: El jefe
El eneatipo ocho, integrante del grupo visceral, se crió en un ambiente combativo ,donde los fuertes eran respetados y los débiles no. Su temor a encontrarse en desventaja hizo que se protegiera, llegando a desarrollar una exquisita sensibilidad para detectar las intenciones negativas de los demás. Ya de adulto, el ocho se crece con el conflicto, no le asusta. 
Se identifica a sí mismo como un justiciero deseoso de defender a los débiles y de luchar contra causas injustas. El jefe es una persona  visceral, impulsiva, directa, dominante. Por lo general, ha desarrollado excesivamente su agresividad y su lado duro, en detrimento de su lado más tierno y sensible. Le gusta tener control de las situaciones e imponer sus propias reglas. Es combativo, pasional y capaz de tomar decisiones rápidas. Se abre camino por la fuerza y tiende a saltarse las prohibiciones y los límites. Siente una gran energía que se manifiesta, sobre todo, a través de la ira. A menudo, busca la confrontación para conocer las motivaciones del otro y saber dónde situarle, como amigo o como enemigo. El asunto central para él es: "¿quién tiene el poder?" Es muy fiel a sus amigos. Pese a tener un gran corazón, demuestra su afecto protegiendo.



Eneatipo 9: El mediador
Este eneatipo, también considerado el pacificador del eneagrama, pertenece al grupo visceral. Dado que el eneatipo 9 se sintió ignorado durante su infancia; bien porque sus opiniones no eran tenidas en cuenta, o porque sus hermanos le eclipsaban, aprendió a anestesiar sus  necesidades e incluso a olvidarse de sí mismo. De ahí que a menudo se fusione con los deseos de los demás y los sienta como propios.
El mediador teme hasta tal punto la separación y anhela tanto la armonía en sus relaciones, que opta por reprimir su ira para evitar confrontaciones y conflictos. Por esta razón, le gustan la tranquilidad, la comodidad y una cierta rutina. El nueve es conocido por su carácter bondadoso y conciliador. De todos los eneatipos, él es el que mejor  sabe escuchar y comprender a los demás, poniéndose en su lugar. No obstante, detesta sentirse presionado y es incapaz de  tomar decisiones con rapidez. 
Su mayor defecto es la pereza, ya que le cuesta diferenciar lo importante de lo secundario y tiene tendencia a una cierta indolencia y a postergar. En ocasiones puede mitigar su ansiedad comiendo o bebiendo en exceso.

jueves, 13 de octubre de 2011

Dejar ir

El proceso de desprenderse de algo es por cierto difícil. Los seres humanos solemos ser muy posesivos, y ademas nos apegamos a nuestro entorno; la rutina, la presencia de nuestras cosas y de nuestros seres amados, forman parte de nuestra seguridad. Por eso, cuando experimentamos una perdida, esa seguridad se resquebraja, en mayor grado cuanto mas grande es la perdida.

San Francisco de Sales, el fundador de la orden salesiana y patrón de los escritores y periodistas, decía: "¿Quieres que no os sea sensible la perdida de las cosas del mundo? No deseéis con ansia lo que no tenéis, ni améis con exceso lo que poseéis".

Esto puede aplicarse a muchas cosas, no solo a lo material. Amar en exceso, incluso a una persona, no siempre es algo saludable: no es amor, sino dependencia. El apego extremo hace mas dolorosa la perdida, porque esta es mas devastadora cuanto mas valor le damos a lo que perdemos.

Y sin embargo, lo hacemos. En ocasiones nos olvidamos de nosotros mismos para entregarnos por completo a una pareja. Cuando esta muere, o nos abandona, nos sentimos perdidos y vacíos. Como si toda nuestra vida tuviese valor solo en función de la presencia de esa persona. En estos casos, sufrimos la perdida mas destructiva de todas: nos perdemos también a nosotros mismos.

El amor saludable es aquel que deja ir, que respeta la libertad del ser amado. Bien decía Antoine de St. Exúpery, el creador del principito: "si amas algo, déjalo ir ...".

En la serie "los años maravillosos", alguna vez se dijo lo siguiente: "El recuerdo es una forma de preservar las cosas que amas, las cosas que te hacen ser lo que eres, las cosas que nunca quieres perder." Atesorar los recuerdos felices que tuvimos con aquello que perdimos puede ser una manera de conservarlos como parte de nuestra vida, aunque para algunas personas el ya no tenerlo es precisamente lo que hace mas daño.

Ese es el problema con el acto del desprendimiento, con ese "dejar ir": la falta física de lo perdido. Durante nuestra vida aprendemos muchas cosas, pero nadie nos enseña a lidiar con la perdida. Le ponemos demasiado valor a lo que tenemos, o desarrollamos con las personas por una tremenda relación de dependencia.

No esta mal llorar una perdida; es natural extrañar la presencia de alguien amado. Pero no tenemos derecho a que esa perdida empañe el resto de nuestra vida. Doloroso como parece, debemos aprender a dejar ir.